Por cierto, algunas personas bienintencionadas en lo suyo, me han hecho llegar la amable sugerencia de que corrija mis textos sobre Semiótica. Lo haré en breve, ya que ahora no tengo demasiado tiempo para postear (¿quién se ha inventado esta maldita palabra). En serio, tiene muchos, demasiados errores. Lo siento.
Como a varias personas humanas mi trabajo les ha parecido una hez (no, no esperen ustedes que rectifique) voy a hacer un pequeño cambio. Incluiré la bibliografía.. Más tarde o más temprano.
Acabo de colgar un nuevo trabajo, esta vez sobre política y opinión pública. Se trata de una reflexión acerca del libro de Dewey, La opinión pública y sus problemas. Tiene unos dibujitos muy feos, pero es que no sé cómo demonios incluir enlaces en mis archivos pdf.
No es algo muy sólido, (lo sé) y además pongo a Dewey por las nubes, (también lo sé). Pero que le vamos a hacer... Esta es mi página y pongo lo que me da la gana. Ahora bien, como siempre, dado queo todos ustedes son muy doctos (en lo suyo), pueden descerrajar sus armas contra mi y mis incorrectísimas ideas tan de poco buen gusto y saber estar.
Estoy leyendo un libro muy interesante. Se trata de The Craft of Comedy Writing de Sol Saks, el aclamado guionista de la mítica serie "Bewitched" (en España, "Embrujada"). A primera vista parece uno de estos típicos libros de autoayuda para escritores fracasados tipo "escríbalo usted mismo (...) usted tiene el potencial en sus manos pero todavía no lo sabe", etc. Sin embargo, el propio libro constituye un magnífico ejemplo de lo que (NO) intenta enseñar -Saks es bastante claro al respecto: el ingenio no se enseña, aunque se puede aprender-.
Lo interesante es que va desgranando uno a uno los ingredientes esenciales de la comedia, para acabar finalmente ofreciendo toda una teoría del humor. Bueno, en realidad no hay nada nuevo bajo el sol: que si el humor viene de la mano de la sorpresa y lo incongruente, que hay que dar la vuelta a la lógica, etc. Nada que no hubieran dicho ya Casares o Pirandello. Sin embargo, Saks establece una correlación bastante curiosa entre el origen de lo cómico y lo que parece ser una lógica de la sorpresa, que Charles Peirce definió como abducción.
Tengo que estudiar esto más a fondo, pero puede ser un tema interesante esto de estudiar la relación de la abducción y los procesos humorísticos. Hay que apuntarlo, chicos: Comunicación lúdica: hacia una teoría abductiva del humor.
Bueno, aquí va el esperado tercer capítulo. En él doy cuenta de forma sucinta de la primera de las ramas de la semiótica: la Gramática especulativa. La Gramática es la rama de la lógica que estudia las condiciones formales de los signos. El propio Peirce lo explica del siguiente modo:
"All thought being performed by means of signs, logic may be regarded as the science of the general laws of signs. It has three branches: (1) Speculative Grammar, or the general theory of the nature and meanings of signs, whether they be icons, indices, or symbols; (2) Critic, which classifies arguments and determines the validity and degree of force of each kind; (3) Methodeutic, which studies the methods that ought to be pursued in the investigation, in the exposition, and in the application of truth. Each division depends on that which precedes it." ('A Syllabus of Certain Topics of Logic', EP 2:260, 1903)
Increíble, ¿no?
En uno de mis cursos tuve que rastear recursos en la web relacionados con mi tema de investigación. Iré colgando poco a poco los resultados obtenidos. Como siempre, sería de agradecer que si hay alguien interesado me haga llegar sugerencias, cambios, etc. Aquí van algunos sitios web:
Grupo de Estudios Peirceanos: http://www.unav.es/gep/
Arisbe: The Peirce Gateway: http://members.door.net/arisbe/arisbe.htm
Charles S. Peirce Society: http://www.peircesociety.org/
Charles S. Peirce Studies (Brian Kariger, USA): http://www.peirce.org/
COMMENS. Virtual Centre for Peirce Studies, University of Helsinki: http://www.helsinki.fi/science/commens/index.html
C. S. Peirce: Philosophy, Books, and Online Resources: http://www.erraticimpact.com/~american/html/peirce.htm
Digital Encyclopedia of Charles S. Peirce: http://www.digitalpeirce.fee.unicamp.br/
His Glassy Essence: http://www.wyttynys.net/
Institute for Studies in Pragmaticism: http://www.pragmaticism.net./
International Research Group on Abductive Inference: http://user.uni-frankfurt.de/~wirth/
Peirce Edition Project IUPUI: http://www.iupui.edu/~peirce/
Philosophy Resources in the Internet: C. S. Peirce: http://www.epistemelinks.com/Main/Images.aspx?PhilCode=Peir
Pike County Historical Society, Milford, PA: http://www.pikehistory.org/peirce.htm
Pragmatism Cybrary: http://www.pragmatism.org/
Transactions of the Charles S. Peirce Society: http://www.peircesociety.org/transactions.html
Dictionary of Philosophy and Psychology: http://psychclassics.yorku.ca/Baldwin/Dictionary/defs/colls.htm
Annotated Catalogue of the Papers of CHARLES S. Peirce: http://www.iupui.edu/~peirce/robin/robin.htm
Center for Dewey Studies: http://www.siu.edu/~deweyctr/
The John Dewey Society for the Study of Education and Culture: http://www.johndeweysociety.org/
Página personal del Profesor Wenceslao Castañares: http://www.ucm.es/info/per3/profesores/wcastanares/
Journal of Communication (Harvard): http://joc.oupjournals.org/
Sites of Significance for Semiotics: http://www.chass.utoronto.ca/french/as-sa/EngSem1.html
Archivo virtual de semiótica: http://www.archivo-semiotica.com.ar/
RIVISTE, ASSOCIAZIONI E CENTRI DI RICERCA: http://lgxserver.uniba.it/lei/semiotica/semriv.htm
The Walker Percy Project: http://www.ibiblio.org/wpercy/
En el capítulo anterior les dejé una breve introducción a la teoría de los signos de Peirce, y, si no recuerdo mal, nos quedamos, más o menos, en el lugar que ocupa la semiótica en la clasificación de las ciencias. Hoy acabaremos finalmente con dicha introducción, para meternos ya en el fregao de la Gramática Especulativa, que tanta atención ha despertado entre lingüistas, filólogos y críticos de arte.
Por cierto, así, de pasada... empiezo a ponerme nervioso ante la ausencia de comentarios.

Hoy, querido lector, vamos a jugar a la arqueología –sí, en plural mayestático, porque este juego nos necesita a ambos, a usted y a mí-. No se preocupe, ha leído bien. He dicho arqueología. Con esto no digo que vayamos a ponernos en plan Indiana Jones a buscar tesoros escondidos. Más bien lo que propongo tiene que ver con una tarea mucho más relajada… pero no menos apasionante. Porque la arqueología, -tal y como vamos a jugar hoy usted y yo-, tiene que ver más con esa labor minuciosa del técnico que con tesón va escarbando hacia las profundidades hasta dar con los cimientos del discurso. Por eso, sin ánimo de molestar a Foucault, tomaremos prestadas las herramientas del filósofo francés y nos pondremos manos a la obra para dislocar los ejes discursivos que sepultan uno de modas intelectuales más divertidas –y peligrosas- de nuestros días. El lenguaje políticamente correcto (a partir de ahora LPC). Pero hemos dicho que esto era una labor arqueológica en busca del origen. Empecemos, pues, por el principio.

Hace mucho, mucho tiempo, el imperio Inca nos legó una de las prácticas más desconcertantes de la historia de la medicina: la trepanación. Por si no está familiarizado con el término, le diré que la trepanación consiste en extirparse voluntariamente un pedazo de cráneo para favorecer la circulación de la sangre en el cerebro. Baste decir que esta singular operación quirúrgica no era practicada por puro deleite en el sufrimiento propio y ajeno. Se encuadraba en toda una visión del mundo y del hombre basado en una curiosa mitología del aire. Dicha mitología se apoyaba en la muy respetable creencia de que cuando al anciano Tupac Yupanqui le daba un telele, alguna suerte de viento maligno se metía en su cabeza envenenando su espíritu. Para remediarlo, nada mejor que abrirle un bonito y decorativo agujero en el cogote. Y es que además de estético -¿quién no ha querido alguna vez tener una estupenda chimenea en la moyera?- parece ser que el invento era la mar de saludable. La trepanación, que en nuestros días cuenta con gran número de adeptos incondicionales entre los jipis suburbanos, es una forma casera y económica de permanecer totalmente “colocado” las 24 horas del día.
La civilización inca estaba basada en el dominio del ayllu, un clan todopoderoso cuya función consistía en someter al pueblo según esta ventosa cosmovisión. Así, el poder de los hechiceros sobre los elementos de la naturaleza perpetuaba la dominación del pueblo, a través de una trepanación colectiva que dictaba quien tenía el control. Vamos, igualito, igualito a lo que ocurre con las religiones ancladas en el poder mágico del hechicero, cuyo dominio sobre la naturaleza –y sobre la tribu- se estructura en función de ciertas “palabras mágicas” que sólo él conoce.

Pero, se preguntará usted, que es tan listo y avezado, qué carajo tendrá esto que ver con el lenguaje. Intentaré dar con la solución… que no es fácil. Fíjese en que las prácticas mágicas que he descrito consisten en una visión muy primitiva de la relación del hombre con lo sagrado y con el mundo. En la religión primitiva el hombre necesitaba dominar las fuerzas de la naturaleza porque no disponía de una teoría satisfactoria que le hiciera sentirse seguro. La clave era el miedo. Una situación traumática, de desacoplamiento. Una fractura solamente satisfecha al calor de los antepasados, sabiamente encarnados en la figura de intérprete. El bardo capaz de descifrar el lenguaje de Dios. Éste hacía las veces del científico moderno –nuestro cuentacuentos de hoy- un iniciado que poseía la clave para interpretar el Universo. Él era el único que conocía las “palabras mágicas” oportunas para invocar a los espíritus capaces de someter a la díscola y temible naturaleza.
Ahora, en una pirueta intelectual –no se asuste, que esto tiene sentido-, pasemos a Wittgenstein. Cuando Wittgenstein critica el modelo ingenuo de Agustín no está diciendo que el modelo que éste propone sea falso, sino que simplemente no es el único modelo. Agustín tiene en mente un modelo PRIMITIVO del lenguaje, en el que las palabras son como hechizos que invocan o remiten mágicamente a las cosas. Pero, dice Wittgenstein que el lenguaje no nombra las cosas, o por lo menos no es esa su única función. Lo que hacemos al hablar no es invocar determinados entes a modo de ideas platónicas, como si el lenguaje conectara de forma mágica con el mundo. Al hablar HACEMOS OTRA COSA. Por ejemplo, se ha parado a pensar cuál es el significado de la palabra │hola│. ¿Qué entidad del mundo invocamos? ¿A qué espíritu poderoso llamamos que haga aparecer un estado del mundo evocado por el signo │hola│? ¿Puede acaso señalarme algo que esté ahí fuera que signifique “hola”? No puede, porque las palabras no son hechizos, y no invocan espíritus que hacen aparecer por arte de magia determinados estados del mundo.

Y sin embargo, algunas personas intentan hacernos creer a usted, -que es tan listo y avezado- y a mí, querido lector, que esto es precisamente así. Quieren hacernos creer, como los hechiceros incas, que el lenguaje es como un repertorio de palabras sagradas cuyo significado oculto sólo puede ser desvelado por ellos, los elegidos. Instituyen un nuevo tipo de trepanación colectiva, mucho más sutil, de apariencia más dócil, pero no menos brutal en su esencia. Los que han instituido el LPC creen que las palabras son como conjuros que desatan de forma asombrosa temibles fuerzas ocultas. Y lo más divertido es que con ello quieren proteger al pueblo, a los desvalidos, quienes están en peligro de ser asaltados por los mismos íncubos maléficos que noquearon al anciano Tupac Yupanqui. Para ello nos abren a todos un hermoso boquete encefálico, nos extirpan un pedazo de cabeza para que escapen los malos “humores”; el tufillo maloliente de la culpabilidad inconsciente. Así, dicen, no haremos del lenguaje una herramienta de dominio y discriminación del que es diferente. Con las palabras mágicas adecuadas –un parco repertorio de eufemismos sabiamente escogido por los hechiceros de la palabra- no tenderemos la tentación de hablar de aquello que muestre las grietas y fallas de nuestro modelo defectuoso. Con un patrón unívoco y universal, aplicable a todas las personas humanas, -aquel que establece una única forma de vida- quedaremos trepanados, pero felices, no obstante. Gratamente “colocados” y con el cerebro bien ventilado.
Es por esto que, querido lector, usted que es tan listo y avezado, reclamo su ayuda y le remito a mi colega el austriaco. No nos dejemos seducir por un lenguaje unívoco y mágico. El lenguaje consta de una multiplicidad de acciones que, entretejidas, constituyen nuestra vida social y comunicativa. Los problemas del hombre surgen “cuando el lenguaje hace fiesta”. Y cuando esto ocurre, cuando el lenguaje gira en el vacío fuera de su juego específico aparece la forma más gris de dogmatismo. Podemos decir con Wittgenstein que siempre “existe la libertad de inventar y vivir nuevas formas de comunicación que den lugar a nuevos juegos de lenguaje y nuevos significados”. Bajo la óptica de la historia el lenguaje aparece como un fenómeno colectivo consecuencia de la acumulación de formas de vida que van construyendo el sentido de forma comunitaria y solidaria. En este sentido no puede haber un único juego de lenguaje en el que las reglas estén dictadas por unos pocos… de una vez y para siempre. La multiplicidad de los juegos de lenguaje de una sociedad refleja una multiplicidad de formas de vida, de prácticas significantes que enriquecen ese quehacer colectivo que es la cultura. Aunque sea usted, querido lector-que es tan listo y avezado-, y yo, jugando un poco con estas formas de vida que llamamos lenguaje, si las sacamos fuera de las hormas homologadas, quizá podamos destruir de una vez por todas este juego infantil bajo el que subyace una de las más dementes formas de tortura: la trepanación intelectual.
